Llegar a Tilcara

«Llegar a Tilcara», de alguna manera puede ser tomado como un diario de viaje no convencional –un hijo de desaparecidos que busca su origen- una intensa carga de la escritura acompañada en todo su recorrido por el ritmo de los Redonditos de Ricota. Esa es, prácticamente, la única soga a la que se aferra ¿Agustín? El personaje sacudido por un desengaño que lo saca del mundo alojándolo en otro desconocido. Convirtiéndolo en un caza tesoro casi desorientado. Y dos nombres. Y la mitad de un mapa que para algunos no transmite, no revela nada. ¿Nada?


























































