Buenos, limpios y lindos

Buenos, limpios y lindos tiene una heroína rockera, poeta, madre de un hijo de cuatro años, que trabaja en el Registro Civil. Por una ironía de la ficción está confinada en una especie de coma, suspendida en el limbo de esa guerra mínima entre mundos (la vida, la muerte) que ella misma define desde su oficina municipal, sellando partidas de defunción. Muda, paralizada, incapaz de pedir ayuda, tiene sin embargo un poder extraño, del que sólo se jactan los dioses y los narradores bulímicos: lo ve, lo comprende, lo sabe todo. Y lo cuenta todo. Prodigio de desolación, a esta...


























































