La historia del libro universal ha venido siendo una historia en masculino, prácticamente desde los orígenes. El estudio de los talleres de imprenta, de la edición de libros, de las librerías e incluso de las bibliotecas se desarrollaba entre rudos personajes que manejaban las prensas, hábiles negociantes que identificaban las obras que habrían de producir beneficios, concienzudos artesanos que encuadernaban y vendían el libro, e intelectuales que lo coleccionaban y, posiblemente, leían. Todos, o casi todos, hombres. Sin embargo, desde hace algún tiempo la investigación ha...