La mujer no es, como algunos han supuesto, un ser degradado, un espíritu tentador para el hombre y la causa continua, viva, latente de todas sus caídas; pero tampoco es el ángel impecable y puro que otros han creído ver en ella, ni siquiera la flor fragante y bella que ha de perfumar su peregrinación. Nosotros vemos en la mujer respecto al hombre su compañera de destierro, porque verdadero destierro es nuestra existencia en este valle de lágrimas, en que solo nos hayamos para merecer otra vida mejor. La compañera del hombre ha sido creada, como él para amar y servir a su Criador en...