La mujer de tu Prójimo
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Lector, tienes la oportunidad, la única oportunidad. Puedes alejarte ahora si quieres y frenar todo deseo que tengas por La Mujer de tu Prójimo. Si no haces caso, entonces goza, regocíjate, ensuéñate con La Mujer de tu Prójimo. Quizá este cerca, mira a tu alrededor, sino la ves, acaso es porque está en tu memoria, y las pistas están dentro de este libro, síguelas y procura no perderte. Sí has llegado hasta aquí, no cometas el pecado de no ver en La Mujer de tu Prójimo tu deseo o tal vez tu proximidad a la mirada puesta en tu mujer por tu prójimo, que como dice Agustín Monsreal “Dios mejor que nadie lo sabe”. Y no hace falta que digas que habrías dado la vida por La Mujer de tu Prójimo, ni tampoco que asegures que por las noches vives un sufrido horror al pensarla; mucho menos que relates cómo vienes padeciéndola desde la infancia. No eres el único. Recuerda que en este mundo todo se sabe. Cuántas ilusiones no viviste con La mujer de tu Prójimo y “qué insensato fue no seguirla cuando te dijo que sí”. No te diré más, pero anda, llévate a La Mujer de tu Prójimo y perfúmate con la belleza de ella, aunque luego tires la verdad por la ventana y la anoles en silencio rogando no seas tú el prójimo. —Esteban Ascencio—
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