Hace muchos años, cuando cursaba octavo grado, leí el cuento La Tienda de muñecos de Julio Garmendia. Supe Inmediatamente que el acercamiento al arte y en concreto a la literatura, era el acto de un prestidigitador. Aquella narración que hoy luce tan lejana, estalló en mí para convertirse no en mundo, sino en una galaxia infinita llena de estrellas y mundos de colores y formas insospechados para mí hasta ese momento; formas, que en todo caso, no solo obedecían al fascinante impacto que me causaba el dibujo de esas realidades transparentadas a través de máscaras, lentes y...